Piensa, elige y te informa lo que tenés que saber.
Un analista que nunca se distrae, nunca duerme y siempre aplica la misma mirada — la nuestra — sobre toda la conversación política argentina.
Vigila la conversación las 24 horas, la entiende con motores de inteligencia discursiva, doctrina y conocimiento político, y avisa por Telegram sólo lo que sirve para reaccionar. Está entrenado como un grupo de militantes expertos: entiende qué afecta al pueblo, a las organizaciones, la soberanía, los derechos y la economía — con lo que el peronismo llama memoria y conciencia.
Uno da cobertura masiva y gratuita; el otro mide la escala real de toda la red. Combinados, ven lo que pasa y su impacto — y son capaces de entender cómo beneficiarse el uno al otro.
Siete exploradores recorren sin parar los timelines de 4.502 cuentas argentinas: gobierno, oposición, medios, influencers, gremios, encuestadoras.
Consulta la API oficial de X para medir cuánto se habla de verdad de cada tema en toda la red, y apunta el radar donde importa. Si Ra-REX necesita saber algo, envía una solicitud: OSIRIS busca, reporta y retroalimenta.
Cada publicación recorre cuatro etapas antes de llegar al chat. En el camino se mide, se analiza y se envía a Hermes — o se registra en la bitácora del monitor.
Los exploradores leen a los influencers cada 2 min y a toda la base cada 10. OSIRIS mide la escala. Una vez conocido el entorno, se ajusta el monitoreo de forma autónoma.
Cada posteo pasa por los motores: cuánto pesa, de qué tema es, de qué bando, dónde impacta, si hay coordinación, si se dispara.
Se cruza con la doctrina, los motores y los agentes expertos: ¿sirve para reaccionar? ¿es de interés nacional? ¿a quién afecta? Se define la categoría, o se descarta.
Lo relevante llega a Hermes a través del Amanuense de Ra-REX, con su categoría y su emoji, para leer en 5 segundos. Más dos partes diarios al calendario.
El emoji del título dice, antes de leer, qué tipo de señal es y cuánto urge. Estos son los criterios exactos.
Lo que publican nuestros influencers militantes (lista fija definida por Camilo), en tiempo casi real, para copiar o apoyar. Sólo pasa si toca un tema de interés en clave opositora; si es una respuesta, el Amanuense explica a quién y por qué.
Lo que dicen los libertarios y sirve para combatir: un posteo oficialista refutable con un dato duro, o un tema nuestro que prende y falta que un dirigente lo levante. Llega con el dato para contestar, sin decir cómo responder.
Una medida, acción o declaración con impacto real en la sociedad, la política o la economía. Incluye lo que sacan los diarios que seguimos, pero sólo si tiene peso de agenda; nunca un cable de color o de otro país.
Algo que golpea a nuestro espacio y que ya confirmó un medio o un funcionario: hecho consumado que la mesa tiene que saber para pararse. La mesa analiza si activar el esquema de War-Room.
La prioridad más alta: cualquier cosa que se diga mal de Alberto Fernández. Tiene la prioridad máxima del sistema y cupo propio de hasta 5 envíos por día. Si hay influencers hablando de él, se analiza la relevancia y se notifica primero.
La señal de que viene una mala noticia: el oficialismo empieza a instalar un ataque contra nuestro espacio, todavía sin que ningún medio lo confirme. Da tiempo de reacción antes de que explote.
Un sistema vivo que aprende y se retroalimenta, y que recibe instrucciones precisas del equipo para implementarlas de inmediato.
Máxima prioridad. Nos afecta directamente: alerta nuclear.
Nos toca. Mala noticia de primera línea.
Interesa mucho, pero golpea indirectamente. Se sigue de cerca para entender cuánto y cómo influye.
Todo tiene que entrar en el marco negativo para el gobierno y tocar los temas que nos importan. Lo demás, no llega.
Doctrina de referencia: la mirada de Néstor, Cristina, Alberto y Axel sobre lo que golpea al pueblo y a los que menos tienen.
Detrás de cada mensaje trabajan varios motores con agentes expertos en todas las áreas que se entrecruzan en cadena.
Mide si un posteo es política real o pasatiempo. Un video viral de fútbol, aunque explote, no entra a la conversación política.
Reconoce de qué habla cada publicación — dólar, jubilados, $LIBRA, despidos — y agrupa todo lo del mismo tema en una sola señal.
Cuando varias cuentas del mismo bando instalan el mismo mensaje a la vez, lo marca: es una operación sincronizada.
Compara cada tema con su normalidad. Si algo crece de golpe por encima de su promedio, lo levanta antes de que estalle.
Estudia a cada influencer militante: qué temas le rinden, cómo escribe, a qué hora pega más. Mejora cada día.
Cuando un oficialista borra un tweet comprometedor, el sistema ya lo tenía capturado. El texto queda, con fecha y autor.
Además de las alertas al minuto, el sistema deja dos partes en el calendario. Sin relleno, sin conclusiones que no pediste.
Los diarios que seguimos, filtrados con nuestro criterio.
Qué pasó en la conversación, sin remandar las noticias.
Durante la semana informa sólo de 08:30 a 23:00, con las malas noticias concentradas de 18:00 a 23:00. El fin de semana el feed sigue vivo pero con cupos reducidos y ventanas cortas: el sábado se distribuye de 10:00 a 16:00 y el domingo recién arranca a las 17:00, sin envíos de oportunidad. El lunes 08:30 vuelve el modo normal.
Se ocupan de que reduzcamos el tiempo en pantalla, mejorando nuestra calidad de vida, reportando a tiempo las oportunidades para hacer mejor nuestro trabajo — y desarrollando el resto de los sistemas a partir de la experiencia y el mundo explorado.